Gütersloh, 24 de febrero de 2026. El año 2026 es en Alemania un denominado “superaño electoral”. En todo el país se celebrarán cinco elecciones regionales (Landtag) y diversos comicios municipales. En las elecciones federales de 2025, la participación de los jóvenes de entre 18 y 29 años volvió a situarse por debajo de la media general. Aunque desde 2009 se ha ido aproximando progresivamente a esta, este grupo de edad continúa siendo el que registra el nivel más bajo de participación. Al mismo tiempo, se trata del colectivo cuyo futuro se ve más directamente afectado por las decisiones adoptadas en las urnas. El nuevo estudio de nuestra fundación matriz en Alemania, la Bertelsmann Stiftung, titulado «Carrera de obstáculos hacia las urnas: por qué votar no es un proceso automático para los jóvenes», destaca las razones que disuaden a este grupo de ejercer su derecho al voto. El análisis consistió en una entrevista a una muestra de 1.668 jóvenes de entre 18 y 29 años, diferenciados entre votantes habituales, votantes ocasionales y abstencionistas y la realización de seis focus group en Leipzig, centrados principalmente en jóvenes de entre 21 y 24 años, también diferenciados según su comportamiento electoral.
Para los jóvenes, el camino hacia la participación electoral se asemeja con frecuencia a una carrera de obstáculos en la que cada persona parte de condiciones distintas. El estudio identifica cuatro barreras fundamentales que impiden que los jóvenes acudan a votar: acceso («¿Puedo votar?»), competencia («¿Entiendo cómo funciona el voto?»), motivación («¿Quiero votar?»), y repercusión («¿Mi voto tiene algún efecto?»).
La abstención juvenil no debe equipararse con indiferencia política. El análisis demuestra que el interés político de los jóvenes que votan de manera irregular (“votantes ocasionales”) es solo ligeramente inferior al de quienes votan de forma constante (“votantes habituales”). Asimismo, los jóvenes votantes muestran un mayor nivel de confianza en el Bundestag (Parlamento Federal alemán) y en la capacidad de acción de los gobiernos. A pesar de presentar niveles relativamente elevados de interés, confianza y optimismo respecto a la capacidad de los gobiernos para actuar, los jóvenes participan menos en las elecciones, lo que revela un potencial democrático aún no plenamente aprovechado.
«Para muchos jóvenes, la cuestión central antes de una elección no es a qué partido desean otorgar su voto, sino: ¿cómo funciona exactamente el proceso electoral? ¿Tiene que ver conmigo? ¿Marca realmente la diferencia mi voto? Con demasiada frecuencia se deja a los jóvenes solos ante estas preguntas, y por ello se quedan a mitad de camino», afirma Jonathan M. Hoffmann, experto en democracia de la Bertelsmann Stiftung.
Cómo incrementar la participación electoral de los jóvenes
El estudio propone cuatro paquetes de medidas con responsabilidades claramente definidas para reducir los obstáculos a la participación:
- Acceso simplificado: mediante el envío de recordatorios por SMS por parte de las autoridades electorales. En Suecia, por ejemplo, esta medida ha demostrado incrementar la participación, especialmente entre los jóvenes.
- Refuerzo de las competencias en materia electoral: fortaleciendo la educación cívica en los centros educativos y equiparando el número de horas dedicadas a la enseñanza de política entre distintos tipos de escuela y entre los estados federados. Los jóvenes que no votan o que aún no lo hacen de forma regular presentan, comparativamente, un menor conocimiento del derecho electoral.
- Fomento de la motivación para votar: mediante simulaciones electorales generalizadas y acompañadas de actividades formativas en el aula, como la ya extendida “Elección sub-18” en numerosos centros escolares, así como a través de una reducción sustancial de la edad mínima para votar. Estudios anteriores de la Bertelsmann Stiftung muestran que una participación electoral temprana favorece una mayor estabilidad en la participación a lo largo de la vida.
- Incremento de la resonancia: mediante formatos de diálogo, una comunicación gubernamental adaptada a los jóvenes a través de redes sociales, o la creación de un “Consejo de Futuro de los Jóvenes” que asesore al Bundestag (Parlamento Federal alemán) en los procesos legislativos.
El estudio también analiza la relevancia de las redes sociales como fuente de información política para los jóvenes y su influencia en la participación electoral. Las redes sociales han hecho que la política esté más presente en la vida cotidiana de los jóvenes, especialmente entre aquellos más alejados de la esfera política. La elevada visibilidad de contenidos políticos puede facilitar el acceso a la información y motivar la participación en las elecciones. Sin embargo, los debates en profundidad realizados en los grupos focales —también parte del estudio— muestran que la omnipresencia del debate político puede resultar exigente para los jóvenes y provocar retraimiento.
«En una sociedad que envejece, la participación de los jóvenes es fundamental para la legitimidad a largo plazo de las decisiones democráticas y constituye una base indispensable para una democracia orientada al futuro», subraya Daniela Schwarzer, miembro del Consejo de Dirección de la Bertelsmann Stiftung. Si se apoya a los jóvenes desde etapas tempranas en relación con el proceso electoral, la participación puede convertirse en un hábito. Para ello, es necesario eliminar obstáculos estructurales mediante procedimientos simplificados, información clara y fiable, experiencias tempranas y oportunidades reales de participación.