Esas organizaciones comunitarias han evaluado la capacidad de este grupo, y dadas sus características, han valorado la conveniencia de incorporarlas como activos para hacer frente a los problemas locales. Y es que la experiencia es un grado; los adultos más mayores son personas en activo, experimentadas, a la vez que motivadas y comprometidas con su entorno.

Actualmente, nueve fundaciones cívicas, desde Maine a Los Ángeles, están involucrando a estas personas de mediana edad, inmigrantes y nativas, para abordar los temas críticos, que van desde la falta de vivienda a la atención de la salud. Su trabajo ya está generando buenos resultados.

Según Therese Elleri, responsable de programas de la Fundación Cívica Rose (Rose Community Foundation), «la fundación está inspirando a esta generación para trabajar, servir, aprender, y liderar de una nueva forma, ofreciendo un nuevo propósito y haciendo de la comunidad un mejor lugar para vivir».